Libélulas en la piel

Aprendiendo a bailar bajo la lluvia…

Autobuses de agosto

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Cuando el autobús va vacío, como es el caso de estos días, a la poca gente que va en él le entran unos deseos irrefrenables de hablar. Y cuando sólo hay tres personas en un vehículo prácticamente desolado, hacerte la disimulada es bastante difícil. No puedes desviar la vista ni mirar el móvil hasta que las personas desaparezcan, están ahí, pringando contigo como cada agosto, y en el fondo, eso une. Así que tienes que hacer de tripas corazón, decir buenos días, y sonreír. Que no es por no hacerlo, pero es que yo, de buena mañana, tengo las dotes comunicativas mermadas. Me doy cuenta que me cuesta hilvanar una frase compleja y coherente, me reduzco a monosílabos y a sonrisas, que siempre quedan bien.

En el fondo, yo a estas horas tan tempranas sólo quiero sentarme al lado de la ventana a leer. Leer por la mañana es como prolongar el sueño, más bien como prolongar los sueños… Como todavía estoy en ese estado comatoso que precede a la noche, mi imaginación está en modo sueños, y las imágenes se reproducen con mayor facilidad en mi mente. Así puedo concebir la película de mis libros con mayor nitidez, y los rostros creados a esas horas son los que me acompañan a lo largo de toda la historia. Tal vez, ahora que me lo planteo, me parece un poco de vagos querer crear los personajes a esas horas, con la mente predispuesta por si misma a los sueños, es evitar hacerla trabajar más tarde. Pero bueno, es lo que hay.

Ahora he vuelto a Murakami, siempre vuelvo a él cuando estoy rara. De hecho, en esos momentos suelo releer Crónica del pájaro que da cuerda al mundo; hay que salir de un pozo, y yo soy mucho de pozos… Aunque hace tiempo que no escribo sobre ellos; supongo que es buena señal. Una compañera de trabajo comentaba que tal vez me gusta tanto Murakami por que es un poco como yo, mezcla lo banal con lo profundo con mucha facilidad. Y puede que tenga razón. Yo soy un poco así, entre la soez y el intento de belleza, son variables de un mismo yo, a pesar de que no todo el mundo pueda verlas. El otro día, sacando a pasear mi lado más vulgar, alguien me dijo algo así como “Ala!, que bruta eres!”. Me lo quedé mirando y le dije que bueno, que tenia otras vertientes. Querrás decir virtudes, me dijo. Si, eso también, le contesté. Creo que no me entendió, aunque tampoco me importa demasiado…

Sed felices!

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Autor: sarasanmi

Obstinada y alegre, aunque a veces me pierda en mi propia melancolia. Libélula recién salida de la larva, bailo volando con aleteo firme y decidido.

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