Libélulas en la piel

Aprendiendo a bailar bajo la lluvia…

La vida en un trayecto. Ella.

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Ha estado toda la semana enferma; una gripe fulminante, con picos de altísima fiebre y ataques de tos incontrolables, así que estos días no ha ido a trabajar. Se los ha pasado entre pañuelos, mantas y tazas de café caliente, vagando por la casa, de la cama al sofá, del sofá al estudio y nuevamente a la cama, seguida siempre por su incondiconal Lola.

Han sido los siete peores días de su vida, no por la enfermedad ilusion 3en si, sino por no poder verle. Le asusta que el lunes, cuando vuelva a coger el autobús de las ocho y media, él ya no esté, que se haya olvidado de ella. A veces, cuando piensa en que sus ojos tal vez no vuelvan a cruzarse, el corazón se le para un segundo, y durante unos instantes no puede respirar. Entonces Lola, maúlla algo más fuerte de lo normal, y trae la de vuelta a este mundo.

Ha estado pensando mucho estos días. Siempre fue lista, nunca tuvo problemas en los estudios, y allá en el pueblo, fue una niña alegre, tal vez algo tímida, pero nada fuera de lo normal. Tuvo una infancia feliz, rodeada de animales y naturaleza, de montañas y nieve, de esa soledad familiar que envuelve a los pueblos las tardes de invierno. Cuando empezó la universidad, se vino a la ciudad. Al principio todo era raro, diferente a la paz de la provincia, donde todos se saludaban por su nombre y lo sabían todo de ti. Aquí la vida era distinta, ruidosa, anónima, todo giraba a un ritmo desigual del que ella conocía, tan rápido que a veces hacia que se mareara si no se anclaba fuerte a la tierra.

Ha tenido amigos, amantes, pareja y resacas. Ha viajado, ha reído y ha llorado, se ha enamorado y le han roto el corazón. Seguramente, piensa, ella también habrá roto alguno… Pero desde que Marcos se fue de casa, todo empezó a cambiar. Se centró en su trabajo, se aisló del mundo y empezó a vivir presa de una absurda melancolía que la fue engullendo y marchitando hasta convertirla en la sombra de lo que fue. Sólo Lola le aferró a este mundo, lo único que Marcos dejó tras arrasar con su vida.

Marcos llegó con un manantial de agua fresca y cristalina, llenándolo todo de risas y amor, de aventura y de sol, inundando cada rincón con su presencia, de una manera tan fuerte e intensa, que tras su marcha sólo quedó un bosque abrasado y dos almas que se miraron extrañadas cuando se dieron cuenta que faltaba uno más en la cama.

Pero hace mucho ya d9e aquello, y la melancolía dio paso a la desidia, y se quedó a vivir entre libros y películas antiguas, al principio por miedo, después por pereza, y ahora por comodidad. Sin embargo, un día, en el autobús de las ocho y media, despertó. El mundo empezó a girar de nuevo, y se dio cuenta que Sol salía otra vez. Una ilusión tonta y renovada se instaló en sus zapatos, un anhelo que empezó a trepar temeroso por sus piernas, hasta instalarse en el calor de su estómago, albergando la esperanza de que su portadora alguna vez se abriera y pudiera  expandirse, invadiendo y renovando cada célula de ese cuerpo con alma arrugada.

Es viernes, ya se encuentra algo mejor. Abre la nevera y se da cuenta que no tiene nada “tengo que salir a comprar” se dice, “más tarde” piensa perezosa… Se prepara un café mientras Lola se enreda entre sus piernas, peleándose con el cinturón del albornoz, en una lucha incansable, gato versus algodón. Es temprano, se acerca a la ventana y mira despacio la vida pasar. De repente, una alarma se activa en su interior, y ver bajar un autobús por su calle. Mira instintivamente el reloj, las ocho y media! Es su autobús! Quiere correr y pararlo en mitad de la calle, volver a mirar sus ojos y gritarle que no ha desaparecido, que sólo ha estado enferma, que por favor no la olvide. Pero el autobús no entiende de urgencias, y sigue su camino. Y ella se derrumba en el sofá, pensando únicamente en sus labios. Esos labios que quiere borrar a besos, que en su imaginación le saben a algodón de azúcar, a chocolate y guindilla, a punto y coma. E imagina el tacto de su piel, algo áspera tal vez, con cicatrices a medio curar, tostada por el sol del mediterráneo, y una descarga eléctrica le recorre el cuerpo…

Se levanta y se planta delante del espejo. Se suelta el pelo y sonríe “ánimo, ya es viernes, sólo quedan dos días para el lunes”

“Ay el lunes, Lola, todo empezará el lunes!”

Miaaauuuuu….

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Autor: sarasanmi

Obstinada y alegre, aunque a veces me pierda en mi propia melancolia. Libélula recién salida de la larva, bailo volando con aleteo firme y decidido.

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