Libélulas en la piel

Aprendiendo a bailar bajo la lluvia…

Finales felices

9 comentarios

A veces, cuando leo el último capítulo de un libro, el final, a pesar de ser el esperado, me deja con una sensación rara, como de historia incompleta. Sobretodo cuando he disfrutado de la lectura, cuando he vivido a través de las letras, he conocido a los personajes y los he invitado a tomar café en el salón de mi casa. Es más bien una sensación de decepción, o incluso de enfado con esas páginas que han entrado en mi vida llenando mil rincones y que ahora me dejan sola ante el peligro. Entonces, dejo el libro algún tiempo más en mi mesilla y continuo con la vida. A veces incluso empiezo otro libro, o simplemente dejo pasar unos días mirando de reojo a mi último compañero de viaje transitorio. Y llega el día en que estoy preparada para despedirme de él; entonces vuelvo a leer el último capítulo, ya reconciliada con los personajes, con sus historias y vidas. Lo leo ya desde una perspectiva distinta, conociendo el final, aceptándolo y disfrutándolo, recordando que lo que me importa de las historias no son los finales en si, si ni el camino que han seguido hasta llegar a ellos. Y lo releo desde la paz y el conocimiento y la decepción desaparece y me deja el sabor dulzón de cuando disfrutas de las cosas. Cierro el libro y me doy permiso para dejarlo en la estantería y sonreír tontamente cuando mis ojos se posan por casualidad nuevamente en su lomo.

BESO DE LOBO

En la vida, me pasa más o menos igual. Hay bailes que ya sé como van a acabar, pero no por ello el fin me deja indiferente. Es más, cuando empieza a sonar el estribillo final de la canción y la música comienza a decaer; cuando los bailarines tenemos que dar los últimos pasos, realizar las maniobras estelares que harán de nuestra danza el baile definitivo, me enfado, me pongo triste y torpe, tropiezo una y otra vez y piso mil veces a mi compañero de baile. Se acaba la danza y se cierra el telón pero mi sensación es de tango inconcluso. Entonces tengo que hacer como con el libro en la mesilla, separarme un poco, coger distancia y perspectiva, asumir que hay caminos sin salida, y respirar hondo. Y cuando me veo con fuerzas para leer el último capítulo, retomo la canción y empieza nuevamente el baile. Y bailo, bailo, bailo, como si no importara mañana, como si el final no existiera, dejándome llevar por una melodía que durante unos segundos imagino eterna, y me divierto, disfruto, siento cada nota, cada respiración, cada gota de sudor. Y cuando se cierra el telón, la sensación es completa, el final ya no es amargo, sólo un final y otro título en un lomo al que sonreír en mi estantería, y un espacio para que suene otra canción.

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Autor: sarasanmi

Obstinada y alegre, aunque a veces me pierda en mi propia melancolia. Libélula recién salida de la larva, bailo volando con aleteo firme y decidido.

9 pensamientos en “Finales felices

  1. Reblogueó esto en Luthierzebethy comentado:
    Muy bonita forma de ver las cosas antes de que llegue el inminente final.

  2. Hermoso post. Te reblogueo 🙂
    ¡Un saludo!

  3. Un final es simplemente el principio de una nueva historia, son tan bonitos como necesarios. Muy bueno 🙂

  4. Original e inteligente. Así, a sorbos intensos, deberíamos vivir cada día; sin saber si llegaremos a los 90 o si nos caerá una teja pasado mañana… Con la sonrisa de que, efectivamente, cuando acaba un capítulo, o un libro, es bonito tenerlo a la vista pero emprender uno nuevo…

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