Libélulas en la piel

Aprendiendo a bailar bajo la lluvia…

Me quedo con tu risa

2 comentarios

Hoy hace una año era lunes. No recuerdo si como el hoy de ahora estaba nublado, que el cielo parece un parece un reflejo de nuestro ojos, a punto de desbordarse en torrentes salados.
Recuerdo que el sábado anterior vimos Memorias de África, y que le hice prometer a mi orillita que la volveríamos a ver juntos. Un par de meses más tarde, estando yo en Madrid, recibí un mensaje, era un foto, tenia mi promesa en sus manos. Pensándolo bien, es una buena película antes de cerrar los ojos y a ti te encantaba, es como si todo se confabulase para desearte un feliz viaje.
Después de aquel lunes de hace un año, la vida tuvo la absurda idea de continuar. No se paró el tiempo, ni el cielo se torno negro ni las orillas aparecieron llenas de peces sin vida. No hubo tempestades que nos arrastraran al infierno, ni maremotos que hicieran temblar los cimientos, ni incendios destruyendo la tonta vida que quedó a nuestro alrededor. Simplemente un tic tac lento que hizo que llegará el verano sin grandes fiestas, que tardó en irse lo que el otoño en venir. Y así, una tras otras, las estaciones se sucedieron, en su cauce natural, sin que tu ausencia pudiera detenerlas.
Con el tiempo he aprendido que de nada vale enfadarse con el mundo por no haberse autodestruido, que mil pataletas no sirven para nada, que no reaparecerás como por arte de magia, así que me he resignado a tu ausencia y decidido vivir bailando en tu honor. Porque es lo que tu querrías, que siguiéramos adelante, avanzando y sonriendo, intentando ser feliz luchando con todas las armas que nos entregaste.
Este invierno volvieron a dar Los misterios de Laura, y alguien dijo “Manolo, si no te callas, te vas a la cama” pero no era tu voz, era la mía desde tu sillón, y automáticamente me eché a reír, él también rió. Actos reflejos heredaros y consolidados a base de repetición. Es curioso, cada día me descubro haciendo algo que tu hacías; lo único que evito son las discusiones con papá al mediodía. Él a veces intenta que entre en absurdas redecillas sobre la posición del pan, nunca lo consigue, y resignado me mira y dice “Es que ya no tengo a nadie que discutir” Y sé, a ciencia cierta, que cuando eso pasa, tu sonríes ¡que cabezón!
He optado por quedarme con tu risa, así que te gasto bromas cuando nos quedamos a solas. Cuando te doy las buenas noches te explico alguna anécdota del día, poniéndole más salsa de lo que lleva, como cuando era pequeña y te perseguía por toda la casa explicándote lo que había hecho durante el día. He pensado que te gustaría más que te recordara feliz, así consigues que brote una tímida sonrisa en mis labios cada vez que pienso en ti, y como pienso mucho, sonrío mucho. Supongo que habrá quien no me entienda, pero ese alguien nunca estuvo en mis zapatos, y tal vez, nunca escuchó tu risa, así que no me importa demasiado.
Te echo de menos mamá, así que este baile va por ti.

 

PD.: ¿Podrías enviarme una paella por correo interespacial? (Mamá sonríe) 🙂

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Autor: sarasanmi

Obstinada y alegre, aunque a veces me pierda en mi propia melancolia. Libélula recién salida de la larva, bailo volando con aleteo firme y decidido.

2 pensamientos en “Me quedo con tu risa

  1. Precioso Sara , como todo lo que escribes poniendole todo el corazon.Gracias por hacernos participes.
    Un beso muy fuerte

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