Libélulas en la piel

Aprendiendo a bailar bajo la lluvia…


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Infierno particular

Sólo queda silencio.
Escombros de la fiesta de anoche
Botellas rotas desgarrándome los pies
Restos de risas encima de la mesa
Y un puñal en la cocina

Una invitación formal a atravesarme el corazón
“Querida, ya nada pintas aquí”
Y unos pasos que se alejan
Un portazo y el ruido del motor
Los invitados abandonan la ciudad

Sentada entre las ruinas de mi ser
Espero ver salir el sol
Y sólo sale humo por mi boca
Se abrasa mi estómago
En mi infierno particular


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Sin prisa

No tengo prisa, a mi edad el tiempo ya carece de sentido.
Ahora quiero besos largos y el café en taza grande
Que perduren sus sabores hasta perder el ansia,
Que no evoquen el pasado, que estén sin estrenar.
Prefiero mirar como te desvistes despacio
Que me muestres tus huesos y las tiritas de tu alma.
Hoy no quiero que me arañes el corazón,
Sólo un soplo fresco que alivie mis miedos y avive el fuego.
Que el tiempo pase despacio, entre canciones y humo
Que el roce de mi dedo con tu pecho sea sorpresa
Que tu lengua sea amarilla y tu risa de verdad.
Quiero no saber, dudar, jugar a ser nuevos en esto
Equivocarme, caminar hasta el precipicio y preguntarte si quieres volar.
Sólo eso. Sólo paz.

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Noche de verbena

A través de las ventanas abiertas, se cuela el sonido de la verbena; risas amortiguadas y pruebas de sonido anuncian el inicio del baile.
Bebe un sorbo de su copa de vino mientras busca el vestido rojo. Lo deja en la cama esperando su turno, y un cuerpo joven de alma envejecida se refleja en el espejo. Sonríe ante su propia imagen, se siente satisfecha y se sabe hermosa. Tal vez debería perder algo de peso, se dice, un poco de crema antiarrugas bastará para el corazón.
Suenas los primeros acordes de la orquesta y un aplauso muestra un público entregado.
Se viste despacio, no hay prisa, la música empieza pero ella se prepara para un baile eterno. Vestido rojo, sandalias negras de tacón, Russian Red en sus labios, un beso al aire y lista para volver a empezar.
Baja la calle feliz, volando entre el gentío perfumado para la noche de fiesta. Una leve brisa le trae olores antiguos, los deshecha con un golpe de cabeza, se alisa el cabello y sonríe. Allá vamos!
Entra en la plaza, respira hondo y avanza. Es su fiesta, es su verbena, la orquesta toca sólo para ella. Ahora su momento, ahora le toca a ella. Y ha decidido ir a la fiesta, dejar de bailar siempre con el más feo, o con el más duro, dejarse llevar y quién sabe, tal vez caer en unos brazos con ganas de besarle el alma. Quién sabe lo que puede encontrar ahora que sólo se busca a si misma, la vida sonríe a los que no tienen miedo.
Un paso más. Empieza su noche de verbena!


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Con la venia

Antes de que dicten sentencia, permítanme señorías que exponga mi versión de los hechos.
Nunca quise ser partícipe de semejante burla, pero una noche las miradas se cruzaron y las palabras ganaron terreno a los cuerpos, y es ahí, justo ahí, donde perdí el control de la situación.
Créanme cuando les digo que fue algo hermoso, condenado al más estrepitoso fracaso desde su mismo inicio, pero mi testarudez me instaba a seguir creyendo en la quimera que habíamos creado.
Nunca fue intención herir a nadie, saben ustedes que casi siempre mantuve mis pies alejados de aquellos tacones que pisaban arenas movedizas; creo poder asegurar que al ser yo el salvavidas de su puerto, el muelle en el que ella atracaba pudo aguantar más envistes y así mitigar sus tormentas.
Mucho se ha escrito ya sobre el sudor, las respiraciones entrecortadas y los bailes en el salón; para mi todo aquello fue real. Pero ocurría en una realidad paralela en la que nadie más existía. No tiraré de antecedentes para justificar mis actos, pero después de pasar tanto frío, era tentador acercarse a un fuego que calentara mis pies helados. Y así fue como creamos un mundo paralelo donde jugar a ser otros, y lo cubrimos con una capa de invisivilidad, para no herir a los espectadores.
Y al final resultó que la más dañada soy yo, fíjense que absurdo juego del destino.
Sin embargo que no valgan mis equivocaciones para justificar los errores ajenos, que en esta vida perra cada palo que aguante su vela. Que yo asumo y entiendo las acusaciones que se me imputan, pero no soy culpable de nada más, no soy yo quien mató a Kennedy ni la impulsora de la tercera guerra mundial. Que mi mundo ya no es aquel mundo, que sonrío a otras bocas que dejarán de reír en cuanto dicten ustedes sentencia y arda mi cuerpo cansado a los pies de la torre de la iglesia. No teman, no pediré clemenia. Soy una errante errática y este es mi sino.


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‘Con las ganas’ – Zahara

Y al perderme entre mis dedos…

Dulcería de Secretos

Recuerdo que al llegar ni me miraste, fui solo una más de cientos y, sin embargo, fueron tuyos los primeros voleteos.
Cómo no pude darme cuenta que hay ascensores prohibidos, que hay pecados compartidos, y que tú estabas tan cerca.
Me disfrazo de ti. Te disfrazas de mí. Y jugamos a ser humanos en esta habitación gris.
Muerdo el agua por ti. Te deslizas por mí. Y jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir.
Mis anclajes no pararon tus instintos, ni los tuyos, mis quejidos. Y dejo correr mis tuercas y que hormigas me retuerzan.
Quiero que no dejes de estrujarme sin que yo te diga nada. Que tus yemas sean lagañas enganchadas a mis vértices.
No sé que acabó sucediendo, sólo sentí dentro dardos. Nuestra incómoda postura se dilató en el espacio.
Se me hunde el dolor en el costado, se me nublan los recodos, tengo sed y estoy…

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Ya quisiera yo abandonar esta montaña rusa emocional que tantos vértigos me produce. Y a dios pongo por testigo que lo intento encarecidamente, una vez tras otra cierro puertas, puños y labios para evitar la vorágine de sentimientos que desencadenan tus dedos cada vez que el aire me los trae.
Ya quisiera yo salir del centro de este tornado que sólo me deja mareos y enredos en el pelo. Y anclo fuerte mis tacones en la tierra gritando que ya pasará, que el viento se calmará y que si no me muevo tal vez no me levante mucho la falda el vuelo del sonido de tu voz.
Ya quisiera yo regresar al castillo de muros de piedra que un día abandoné. Pero con tantas subidas y bajadas, esquinas imposibles y cambios de dirección, he perdido el norte y hasta la respiración, y cada vez que encuentro el sendero de vuelta suena un timbre cantarín dentro de mi bolso que lo vuelve a poner todo del reves.


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Empieza el baile

Tenía mil proyectos para este verano, viajes que realizar que han ido cayendo uno tras otro como fichas de dominó. Al principio pensé en enfadarme, hasta que caí en la cuenta que si el destino se empeñaba constantemente en desbaratarme los planes, tal vez era por algo. Por lo que decidí dejarme llevar, ver por dónde me llevaba el río estival, relajarme y dejar que la vida y las oportunidades vinieran a mí. Y debo decir, que no me ha ido tan mal.

Ahora, a toro pasado, puedo afirmar que ha sido un gran verano. He vuelto a lugares abandonados en buena compañía, he descubierto mares nuevos escondidos en la vuelta de la esquina, he hablado y reído mucho, he bailado y cantado, he paseado sola… En resumen, he parado y respirado.

Tal vez es lo que necesitaba, parar y respirar. Después de un año luchando en los infiernos, no me había dado cuenta de lo cansada que estaba. Una vocecilla cobarde en mi interior me instaba a correr, a ocupar mente y cuerpo de manera constante con paisajes nuevos, sabores desconocidos, mundos por descubrir, intentando rellenar alguno de mis vacíos existentes. Si embargo mi sino es más listo y me ha colocado en la senda correcta, cerquita del mar y pisando arena, para oxigenar mi vida, tomar aliento y fijar el cambio de chip.

Y creo que estoy preparada. Para bailar, vivir y volver a luchar. Para abrir la mente y recibir todo lo que el mundo quiera ofrecerme, para soportar más embistes y todos los abrazos, para besar, cantar y quitar las telarañas del sofá.

Así que, preparar la pista de baile que es mi turno!